La académica de la Faculta de Ciencias de la Rehabilitación de la Universidad Andrés Bello, Claudia Figueroa, aborda los retos actuales en Chile, cimentados en un sistema que aún no logra una plena unificación.
La concepción de “educación especial” en Chile, que comenzó con la reforma educacional de1928 enfocada en niños con discapacidad intelectual, ha evolucionado para abarcar diversas condiciones del neurodesarrollo como el Trastorno del Espectro Autista (TEA) y los trastornos del lenguaje, siendo estas áreas relevantes en términos de matrículas en el país.
Uno de los aspectos más relevante de este sistema educativo, es la intervención temprana para niños cuyo acceso en el sistema de salud no es suficiente o no cuentan con los recursos económicos para ello, ya que este tipo de educación es completamente gratuita pudiendo, ser la única posibilidad del estudiante de mejorar su condición.
Sin embargo, cuando los niños superan la etapa preescolar, en las escuelas de educación especial y deben transitar hacia el sistema educativo regular, el desafío para una inclusión efectiva se vuelve evidente, ya que el sistema de postulación a colegios municipales o subvencionados mediante el “sistema de ruleta” no siempre garantiza que los padres obtengan cupo en los colegios de su interés aunque se supone que sí, el apoyo educativo adecuado para sus hijos por medio de los programas de integración escolar que son sorteados en los colegios en que existen.
“La importancia del aporte estatal en los establecimientos de educación especial, es que estos brindan tratamientos y apoyo que muchas veces la salud pública no ofrece. Pero en ocasiones podrían ser infructuosos si no se da continuidad a las necesidades de los niños en su ingreso a colegios regulares, especialmente cuando los planes de inclusión no están fuertemente integrados a la formación de profesionales capaces de desarrollar currículos inclusivos en el aula regular”, indica Claudia Figueroa, académica de la facultad de Ciencias de la Rehabilitación de la Universidad Andrés Bello.
Las estrategias para mejorar
“Conocer es descubrir y ampliar horizontes”, comenta la académica Claudia Figueroa, diciendo que “el sistema educativo chileno se nutra con las herramientas necesarias para mejorar las prácticas inclusivas es urgente. El desafío no radica únicamente en los marcos legales, sino en la consolidación de estrategias que permitan avanzar hacia una sociedad y educación más inclusivas, y un paso para lograrlo es poder fortalecer la formación de los educadores y promover una educación inclusiva que no solo acompañe los diagnósticos, sino que también propicie un ambiente de aprendizaje enriquecedor para todos los estudiantes, educadores y familias”.
Por lo anterior, “los educadores, así como los padres, deben estar informados sobre las condiciones del neurodesarrollo para que puedan apoyar de manera más efectiva el aprendizaje de sus hijos, especialmente en los primeros años escolares, que es una etapa crucial para el desarrollo cognitivo. El saber sobre las condiciones de salud, sus características, evolución y particularidades, no sólo es informar, sino que permitir que desde el rol educativo o de los cuidadores surjan estrategias creativas, inclusivas y adaptadas para los menores. Todos somos más “capaces y creativos” cuando contamos con información” enfatiza Figueroa.


